- ¿Otra vez dormiste dos horas? Ali, ¿no deberías ver un doctor por esto de tu insomnio? - Preguntó Rosita con esa angustia fulera que le quema la voz cada vez que ve mal a su amiga.
- Mi insomnio tiene nombre y apellido... - Respondió Ali mientras terminaba de servir el café para las dos.
- ¿Otra vez con...? - Empezó a levantar la voz casi sin darse cuenta.
Ali la interrumpió entre risitas. - No, tonta, es por este hombre de la universidad. Me tiene loca. - Dijo sonriendo, mientras le daba la primer mordida a su medialuna.
Rosita soltó un suspiro de alivio y atacó a su medialuna emulando a Ali.
- Ya me estabas asustando, no quería que te pusieras mal otra vez. -
- ¿Mal? ¿Por Fran? ¿Cómo me puedo poner mal por Fran? ¡Si es tan lindo! -
- Jajaja, me hacés reír tanto cuando te ponés en ese modo adolescente. - Comentó Rosita.
- Son la niña y la mujer luchando en la misma cabeza, Rosi. - Dijo con la boca llena Ali, mientras reía por lo bajo.
- Puede ser eso... igual yo pensaba que era la histeria; porque de niña no tenés mucho. - Y le lanzó una mirada picarona y cómplice.
- Bueno, vos tampoco, ¡eh! No sé qué me decís a mí, que vos también hiciste muchas cosas estando soltera. -
- Lo que te quiero decir, amiga hermosa, es que te dejes de hinchar con esa vergüenza que te carcome el alma y le vayas de frente a Fran y le digas agarrándole la cara lo mucho que te gusta y le des un beso inolvidable. -
- Me hablás como si fuera una telenovela, amiga. ¿Qué más daría yo que animarme a hacer una cosa así? - Dijo con ojitos de ilusión.
- ¿Y por qué no? Si te gusta, no veo cuál es el problema. -
- Sí, bueno... pero no es sólo que me guste a mí, le tengo que gustar yo también a él. -
- Dudo que no le gustes... -
- No sé, amiga. Vos ya me conocés como soy yo. Le tengo pánico al rechazo. -
- Pero también sé que sos una persona abierta y que dejás fluir las cosas como se den, que sos una persona libre que vive y deja vivir, no me imagino que algún hombre pueda querer rechazar que no le rompan la paciencia todos los días. -
- Eso lo decís porque sos mi amiga... -
- No, ¿o acaso ya no te acordás cuando salías con Fede? -
- Uh... Fede... ¡cuántos años que pasaron! -
- Bueno, ¿por qué se enamoró tanto Fede de vos? -
- No sé, debe ser por eso que decís vos, que yo nunca lo jodía con nada, que no le hacía historias porque se veía con los amigos, que no me molestaba que viera fútbol cuando estábamos juntos, que no era celosa. ¡Qué se yo, Rosi! Fede y yo teníamos la misma edad, y yo tenía muchas otras actividades más, además de estar de novia, como para que no saliera a flote mi histeria. - Hizo una pausa, y volvió a retomar el tema. - No sé si con Fran sería parecido. -
- ¿Por qué? ¿Tenés miedo de volverte una histérica, celosa y posesiva? -
- No, porque no lo soy. Pero hay mucha diferencia de edad, andá a saber qué quiere en una mujer, y si me vé como una mujer. Por ahí me vé como una pendeja y nada más. -
- Si no hacés algo al respecto, siempre te vas a quedar con la duda. -
- Ay Rosi, ya sé, pero me moriría de vergüenza. -
- ¿Y por qué te gusta tanto sino se lo podés decir? ¿No te genera confianza? -
- Sí, lo que me genera desconfianza es la brecha de experiencias que hay entre nosotros. -
- Bueno, tu vida no fue un cuento de hadas, tampoco. -
- No, ya sé. Pero... ay, no sé, Rosi. ¿Me entendés? -
- Creo que sí, estás paralizada. ¿Por qué siempre que te gusta un chico te pasa lo mismo? -
- No sé, Rosi. Pero Fran me vuelve loca, me encanta conversar con él, pasar tiempo juntos cuando no tenemos nada para hacer en la Uni, los temas de los que hablamos, su mirada, su sonrisa... ¡es tan lindo! -
- Entonces, ¿qué vas a hacer? ¿Seguir esperando que te diga algo? -
- Supongo que sí, mientras tanto es como un gran amigo. Tampoco me puedo quejar, nos llevamos muy bien con él. -
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